Archivos Mensuales: enero 2012

EL CANCER ES UN RUDO ADVERSARIO

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El cáncer puede ser, y a menudo es, un enemigo muy astuto, en gran medida porque es un blanco siempre en movimiento. Para comprender por qué los cánceres pueden ser tan elusivos, uno debe comprender primero cómo surgen.

Cómo surgen los cánceres

A lo largo de la vida, el cuerpo humano acumula mutaciones en el material genético de las células madres, que son las células cuya capacidad de dividirse es constante. Este material genético (ADN) se daña por carcinógenos activados provenientes del ambiente o por oxidantes químicos producidos como efecto natural del metabolismo celular. Las mutaciones también se producen cuando el ADN no se copia bien o no se distribuye de manera adecuada durante la replicación celular. Por esta razón los cánceres brotan con más facilidad en tejidos cuyas células se han dividido rápidamente. Por fortuna, las células tienen mecanismos para reparar el ADN dañado, pero estos mecanismos no son perfectos, de modo que las células madres adquieren progresivamente alteraciones permanentes en la estructura del ADN. La mayoría de estas mutaciones son inocuas, no producen un efecto significativo en el comportamiento o en la supervivencia de las células, o, por el contrario, las destruyen y condenan a una muerte temprana. Sin embargo, en ocasiones surge una mutación que la célula no sólo tolera, sino que aumenta su capacidad para sobrevivir, proliferarse y emigrar. En los tejidos de adultos, el número total de las células permanece constante, debido al cuidadoso equilibrio entre la proliferación celular y la muerte celular programada, proceso denominado apoptosis.

Los tumores se desarrollan cuando las mutaciones rompen el equilibrio, lo cual acelera la multiplicación celular o impide que la célula aberrante tenga su muerte celular programada. Algunos de estos oncógenos (mutaciones que provocan cáncer) intensifican las señales de crecimiento ocasionando que la célula se multiplique o inhabilitando a las proteínas clave que restringen las señales de crecimiento. Otros impiden el funcionamiento de las proteínas requeridas para una apoptosis eficiente. Algunas mutaciones, que a menudo se observan durante la evolución temprana de los cánceres, aumentan la propensión de las células para acumular mayores mutaciones. Por lo general, tales mutaciones reducen la capacidad de la célula para reparar el daño provocado en su ADN. La pérdida de la proteína p53 es un ejemplo de esto. Las mutaciones aumentan la probabilidad de que las células, después de dividirse, terminen con demasiados cromosomas o muy pocos, fenómeno conocido como aneuploidía. Las células precancerosas, así como los cánceres que han evolucionado por completo, tienden a ser genéticamente lábiles. En otras palabras, su material genético experimenta mutaciones más rápido que el de la mayoría de las células saludables. Por fortuna, una alta proporción de las células madres que han adquirido mutaciones con potencial oncogénico mueren antes de provocar daño, ya que muchas mutaciones que impulsan las señales de crecimiento de algún modo son “percibidas” por la célula como anormales y la inducen al suicidio. Sin embargo, esta respuesta protectora apoptótica en ocasiones es “vetada” si la célula ha sido expuesta a niveles excesivos de ciertas hormonas promotoras del crecimiento y supresoras de la apoptosis. Destacan, en este sentido, las hormonas sexuales (estrógeno y testosterona), así como las hormonas insulina y factor de crecimiento similar a la insulina-I. La razón por lo cual los cánceres occidentales, incluyendo el cáncer de mama, colon, próstata, ovario y páncreas, son mucho más comunes en las sociedades “avanzadas” que en las culturas relativamente pobres del Tercer Mundo es que la alimentación rica en calorías, proteínas de alta calidad y grasas, aunada a los estilos de vida sedentarios aumentan los niveles de esas hormonas promotoras del cáncer y de su actividad.

Aun si las células cancerosas incipientes se las ingenian para evitar la apoptosis autoinducida, a menudo son vulnerables al ataque de las células inmunes “asesinas naturales” las cuales las reconocen como enemigas. Algunas veces las células precancerosas se las ingenian para sobrevivir durante el tiempo suficiente para adquirir mutaciones adicionales que las vuelven menos susceptibles a la apoptosis o que las protegen del ataque de las células asesinas naturales; dichas células suelen originar cánceres que alcanzan pleno desarrollo y que son difíciles de erradicar con quimioterapia o radiación.

Una célula madre, que haya adquirido mutaciones que promuevan su proliferación y supervivencia, es capaz de originar un tumor. En los tumores benignos, las células no adquieren la capacidad de diseminarse a través de los tejidos saludables y no establecen colonias nuevas y distantes (metástasis). A menos de que surjan en lugares donde la cirugía no resulte práctica —por ejemplo, ciertos tumores cerebrales—, la mayoría de los tumores benignos no son más que una molestia eliminable de manera quirúrgica si fuera necesario. Algunas células ya mutadas tienen mutaciones adicionales que las vuelven más agresivas y les permiten diseminarse por todo el cuerpo.

Un cáncer potencialmente maligno y metastásico tiene una gran variedad de capacidades. Debe producir enzimas proteolíticas para abrirse paso a través de las membranas y tejidos saludables, así como hormonas angiogénicas para obligar al sistema vascular a establecer una nueva red de vasos sanguíneos que alimenten al tumor en crecimiento. El cáncer debe poseer la habilidad de invadir la circulación sanguínea o el sistema linfático para sobrevivir mientras circula en la sangre o en la linfa, se adhiere a la pared de los pequeños vasos sanguíneos o de los vasos linfáticos, se abre paso hacia nuevos tejidos del huésped para establecer una metástasis y evade a las células asesinas naturales que eliminan muchas metástasis incipientes antes de que éstas se puedan establecer. Esta gran proeza de la ingeniería molecular refleja un equilibrio delicado de las múltiples mutaciones adquiridas. Por esta razón, aunque las células madres acumulan muchos millones de mutaciones en toda su existencia, los cánceres malignos tienden a surgir sólo una o dos veces a lo largo de una vida. Con frecuencia es factible curar con cirugía o radioterapia cánceres localizados antes de que se diseminen a sitios distantes. No hay duda de que la forma más segura de curar el cáncer es detectarlo en la etapa temprana, antes de que se disemine.

Todo cáncer es único… y astuto

Los cánceres surgen mediante una acumulación progresiva de mutaciones al azar. Cada célula posee decenas de miles de genes y cada uno de estos genes es susceptible de ser alterado literalmente en cientos de formas. De modo que cada cáncer es único. Además, como los cánceres tienden a adquirir mutaciones más rápido que las células saludables, evolucionan de modo constante; las células de un tumor determinado a menudo son diversas y el cáncer tiende a evolucionar con el paso del tiempo. Esta evolución es dirigida con frecuencia por las presiones a los que se somete el cáncer. Por ejemplo, cuando un cáncer es atacado con un medicamento quimioterapéutico citotóxico, las escasas células en el tumor que han adquirido las mutaciones que las habilitan para destoxificar o expulsar ese medicamento o las vuelven relativamente resistentes a su toxicidad, son más propensas a sobrevivir. Estas células predominarán cuando el tumor crezca después de la quimioterapia. En consecuencia, el tumor ofrecerá una menor respuesta a un medicamento en particular —y posiblemente a otros medicamentos también— la próxima vez que se emplee la quimioterapia. De manera análoga, si un cáncer es tratado con agentes antiangiogénicos que obstaculizan el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos, las células cancerosas mutarán de manera tal que incrementan su habilidad para producir factores proangiogénicos, los cuales les permiten continuar diseminándose o promoviendo un crecimiento tumoral renovado. Los cánceres también mutan en formas que los vuelven resistentes e impiden que las células asesinas naturales los eliminen, lo que dificulta aún más la erradicación de tumores pequeños con inmunoterapias. De verdad, el cáncer es un adversario sorprendente.

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Fuente: Oasis of Hope

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